sábado, 20 de junio de 2026

Cuba termina haciendo lo que juró que nunca haría

 Cuba resistió cuando cayó la Unión Soviética. Resistió cuando se derrumbó el Muro de Berlín. Resistió cuando China decidió enriquecerse sin abandonar el Partido Comunista. Resistió incluso cuando Vietnam tomó el mismo camino.

Ahora la realidad la alcanzó.

La economía cubana está exhausta. La producción no despega, la escasez se volvió parte de la vida diaria y el dinero externo ya no alcanza para sostener el modelo. Después de décadas defendiendo la planificación centralizada, La Habana empieza a abrir puertas que durante años mantuvo cerradas con candado.

No hablan de capitalismo. Tampoco de abandonar el socialismo. Pero los hechos pesan más que los discursos.

Entre las medidas anunciadas aparecen la apertura a la banca privada, libertad a las casas de cambio y operadores privados de remesas. Se permitirá abrir cuentas en divisas con menos restricciones y se crean mecanismos cambiarios más cercanos a los de una economía de mercado.

Las empresas privadas ganan espacio. Las grandes compañías podrán crecer, contratar más personal y participar en sectores que antes estaban reservados al Estado.

También llegan cambios en las empresas públicas. Algunas podrán convertirse en sociedades por acciones y abrirse a la participación privada. Otras recibirán más autonomía para tomar decisiones sin esperar órdenes desde arriba.

Los controles de precios, una de las banderas históricas del modelo, empiezan a retirarse. El Gobierno admite de forma implícita algo que los cubanos conocen desde hace años: los precios fijados por decreto no llenan los estantes.


Los subsidios generalizados también entran en revisión. La ayuda estatal ya no sería para todos, sino para quienes el Gobierno considere más vulnerables.

Turismo, servicios y otras áreas estratégicas recibirán mayor presencia de inversionistas privados.

Hace apenas unos años muchas de estas medidas habrían sido calificadas como concesiones al capitalismo. Hoy son presentadas como necesarias para evitar un colapso mayor.

La pregunta ya no es si Cuba se parece cada vez más a China o Vietnam. La pregunta es cuánto tiempo tardará en parecerse aún más.

 

 

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