Cuba resistió cuando cayó la Unión Soviética. Resistió cuando se derrumbó el Muro de Berlín. Resistió cuando China decidió enriquecerse sin abandonar el Partido Comunista. Resistió incluso cuando Vietnam tomó el mismo camino.
Ahora la realidad la alcanzó.
La economía cubana está exhausta. La
producción no despega, la escasez se volvió parte de la vida diaria y el dinero
externo ya no alcanza para sostener el modelo. Después de décadas defendiendo
la planificación centralizada, La Habana empieza a abrir puertas que durante
años mantuvo cerradas con candado.
No hablan de capitalismo. Tampoco de abandonar
el socialismo. Pero los hechos pesan más que los discursos.
Entre las medidas anunciadas aparecen la apertura
a la banca privada, libertad a las casas de cambio y operadores privados de
remesas. Se permitirá abrir cuentas en divisas con menos restricciones y se
crean mecanismos cambiarios más cercanos a los de una economía de mercado.
Las empresas privadas ganan espacio. Las
grandes compañías podrán crecer, contratar más personal y participar en
sectores que antes estaban reservados al Estado.
También llegan cambios en las empresas
públicas. Algunas podrán convertirse en sociedades por acciones y abrirse a la
participación privada. Otras recibirán más autonomía para tomar decisiones sin
esperar órdenes desde arriba.
Los controles de precios, una de las banderas
históricas del modelo, empiezan a retirarse. El Gobierno admite de forma
implícita algo que los cubanos conocen desde hace años: los precios fijados por
decreto no llenan los estantes.
Los subsidios generalizados también entran en revisión. La ayuda estatal ya no sería para todos, sino para quienes el Gobierno considere más vulnerables.
Turismo, servicios y otras áreas estratégicas
recibirán mayor presencia de inversionistas privados.
Hace apenas unos años muchas de estas medidas
habrían sido calificadas como concesiones al capitalismo. Hoy son presentadas
como necesarias para evitar un colapso mayor.
La pregunta ya no es si Cuba se parece cada
vez más a China o Vietnam. La pregunta es cuánto tiempo tardará en parecerse
aún más.
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